Fronteras entre educación a distancia y presencial

Alejandro López es uno de esos alumnos con los que a veces tienes la suerte
de encontrarte haciendo formación a distancia.
Ha accedido a escribir una entrada para nuestro blog. Aquí la tienes.

Resumen

El Lenguaje No Verbal implícito en toda comunicación presencial, la desigual relación de poder entre formador y alumno y la preeminencia de la comunicación escrita en la educación a distancia son, a mi entender, las principales fronteras entre la educación presencial y a distancia. Fronteras que mediante el avance en las TIC y, sobre todo, el profundo cambio generacional en las formas de interacción humanas, tenderán a desaparecer hasta vaciar de contenido la distinción entre una modalidad formativa y otra.

¿Realmente existen unas barreras definidas entre educación a distancia y presencial?

Con las TIC las fronteras entre la educación presencial y a distancia se van haciendo menos evidentes. Si la gran diferencia entre educación presencial y a distancia es el espacio-tiempo que comparten formador y alumno se puede alegar que este espacio-tiempo es trascendido por las TIC, que permiten una interacción en tiempo real entre docente y alumnado.

Por qué entonces se siguen diferenciando de manera excluyente (como conceptos o medios opuestos) la educación a distancia y la presencial. Creo que porque el nuevo medio de interacción entre dos interlocutores (en este caso formador/tutor – alumno) que permiten las TIC (videoconferencia y chats, principalmente, en su modalidad sincrónica) con ser conocidas y empleadas por muchos de nosotros continúa siendo un medio novísimo, un medio que aún permitiendo una interacción en tiempo real posee unas características y unos requerimientos que la diferencian de la relación presencial (al uso) entre dos interlocutores. Trataré de sintetizar:

1. En la interacción presencial existe toda una fuente de información completísima (y complejísima quizás) que difícilmente puede replicarse en la educación a distancia. Se trata del lenguaje no verbal (LNV, en adelante) que funciona como complemento y vía de interpretación y reinterpretación de la comunicación oral que se produce entre dos interlocutores que comparten espacio-tiempo (presencial).

Creo (y me parece que está contrastado) que para el ser humano la comunicación está secularmente (atávicamente) vinculada a la oralidad y a la presencialidad, quiero decir, que hasta hace bien poco (el invento y difusión de la imprenta y el desarrollo de las TIC) la comunicación entre dos interlocutores cualesquiera estaba conformada, indisolublemente, tanto por lo oral como por lo visual (no existía diferencia entre uno y otro)[1]. Y que en cierta manera seguimos arrastrando esa diferencia implícita (psicológica u ontológica). Todavía, aunque poco a poco se va cambiando, las reuniones de trabajo importantes son presenciales, los requerimientos administrativos más importantes son presenciales… cuando queremos asegurarnos de que nuestro interlocutor nos comprende (o de que nuestro mensaje se comunica de la forma más diáfana posible) buscamos la presencia física del otro.

Por tanto, aunque existe la herramienta de la videoconferencia (que permite el contacto visual con el interlocutor) considero evidente que la información sobre LNV que provee no puede igualarse, en cuanto a riqueza y complejidad, con la interacción presencial, y que nuestra forma de comunicarnos sigue, en gran parte, dependiendo del contacto visual, gestual (corporal si se quiere).

2. Considero también que, al margen de la diferencia en cuanto a la cantidad y calidad de LNV entre una comunicación presencial y una videoconferencia, existe también una diferencia relevante en la educación presencial respecto a la educación a distancia. Se trata de la relación de desigualdad entre profesor y alumno. La relación de poder entre uno y otro es desigual en cuanto la autoridad la detenta el primero, que es el encargado de transmitir la sabiduría o conocimientos al segundo (y en esa transmisión la tarima y la disposición de las sillas del auditorio juegan un papel fundamental).

Esa relación de desigualdad (en la que tradicionalmente se ha educado y se sigue educando) propicia un entorno de aprendizaje distinto respecto a la educación a distancia, en la que la relación de desigualdad/autoridad no es tan evidente como en la educación presencial. Esta diferencia, explícita o implícita, creo que está presente y explica, en buena medida, las diferencias que consideramos (sean objetivas o subjetivas) entre uno y otro tipo de educación. Quizás, implícitamente o no, todavía requerimos de un ambiente de autoridad (disciplina) para propiciar el aprendizaje (ya que en este ambiente hemos sido socializados/escolarizados), y valoramos “positivamente” este ambiente, esta relación de desigualdad, como un aspecto propiciatorio de la enseñanza/aprendizaje.

3. Por último, y en íntima relación con el primer punto, considero que, todavía, la educación a distancia, aún en su versión más desarrollada (e-Learning) prima la comunicación escrita sobre la oral (si se quiere la comunicación asíncrona sobre la sincrónica, y dentro de esta última el chat sobre la videoconferencia), y que esta preeminencia de lo escrito sobre lo oral supone una diferencia muy relevante en cuanto a nuestra consideración entre la educación presencial y a distancia. La comunicación escrita no es tan instantánea como la oral (aspecto que se salva con el acortamiento de las palabras, de las frases y con el uso de iconos y símbolos, lo que, considero, repercute también en el significado final del mensaje, tendiendo a cierta estandarización de los mismos), no es tan instantánea, decíamos, y requiere de un mayor grado de reflexión (y quizás de esfuerzo); y por eso volvemos al apartado número 1, no es, todavía, nuestra forma preeminente y principal de comunicarnos (seguimos siendo oradores antes que redactores).

Así pues, considero que el Lenguaje No verbal que propicia la interacción presencial (y que, a día de hoy no puede ser igualado por las TIC), la relación de autoridad/desigualdad inherente a la educación presencial (tal y como se sigue desarrollando hoy día) y la preeminencia de la comunicación escrita sobre la oral en la educación a distancia, son las principales diferencias entre ambas formas de educar y aprender.


Una videoconferencia puede considerarse una situación presencial, pero no puede (a día de hoy, tecnológicamente hablando) equipararse con una interacción presencial ortodoxa (equipararse en cuanto a nuestros constructos mentales e interpretativos de la comunicación, que se enriquecen o complementan con la presencia física).

Las diferencias fundamentales pues entre formación presencial y a distancia se basan, a mi entender, en los tres puntos anteriores (LNV no equiparable entre ambos medios de formación, autoridad/desigualdad como propiciatorio del proceso de enseñanza/aprendizaje y preeminencia de la comunicación escrita sobre la oral en la formación a distancia).

Considero que estas diferencias, o estas fronteras entre la educación presencial y a distancia tenderán a ser cada vez más porosas y a confundirse unas con otras hasta que la diferencia conceptual entre una y otra carezca de sentido. En este proceso los cambios fundamentales vendrán por dos vías:

  1. Desarrollo tecnológico, incrementado las posibilidades de interacción entre grupos en tiempo real, y superando las diferencias en cuanto a LNV respecto a la comunicación presencial (hologramas y avatares mediante la representación completa de contextos y personas en entornos virtuales, que permitirán la selección o concentración de ejes discursivos entre diferentes interlocutores, bis a bis o en grupo).
  2. Y más importante. Mediante el cambio en nuestras formas de comunicarnos y relacionarnos con los demás (y la naturalización y asunción de los mismos). Conforme en nuestra relación con los otros cada vez sea más frecuente o prime (en función del ámbito social de que se trate, trabajo, grupos de pares, familia extensa, etc.) las relaciones a través de las TIC, las diferencias entre educación a distancia y presencial tenderán a desaparecer, ya que no estarán condicionadas por la presencia física de los actores, toda vez que se naturalice/socialice las relaciones sociales a través de las TIC. Quizás las nuevas generaciones que crezcan con el desarrollo y universalización de las relaciones sociales a través de medios telemáticos carezcan de referentes para diferenciar una relación social de otra (física de telemática) y naturalice que el proceso de obtención de información y formación pasa forzosamente por ambas sin que la distinción suponga diferencia alguna a la hora de clasificar el proceso educativo en cuestión.

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[1] Es evidente que la escritura permitía la comunicación entre personas sin necesidad de coincidir en el espacio, ya fuera por correspondencia epistolar o por la posesión e intercambio de manuscritos, sin embargo era esta un tipo de comunicación del todo excepcional y totalmente ajena a la gran mayoría de las personas, cuya comunicación requería de la presencia física del interlocutor.
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Alejandro López es Sociólogo y su experiencia profesional se desarrolla en el ámbito de la consultoría de formación. Actualmente está compaginando el Máster de E-Learning de la Universidad de Sevilla (Proyecto Prometeo de Carlos Marcelo) y nuestro Curso de Community Manager en Formación On-Line.
Contactar: pecioenlanube@gmail.com

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